No tenía Arturo una buena noche, desde que empezó, no había hecho una buena carrera, varios desplazamientos a barrios periféricos y muchas horas en la parada. El crepúsculo coloreaba el horizonte con una débil luz púrpura y el cielo cubierto de nubes con amenaza de lluvia. Empezó la lluvia y diò por terminada su jornada laboral, se despidió de sus compañeros de parada y puso rumbo a su casa.
Estando parado en un semáforo con los cristales golpeados por la fuerte lluvia, alguien abrió la puerta trasera y le pidió que si podría llevarla a la calle Cervantes, el giró su cabeza para decirle que estaba fuera de servicio y al encontrarse con los ojos de ella, bajó la bandera y preguntó el número al que tenía que llevarla, número 5 dijo ella, sacudiendo su cabello de las gotas de lluvia.
Durante el trayecto no cruzaron palabra, Arturo la miraba, por el espejo retrovisor, intentando buscar sus ojos y observar esa mirada que lo había abstraído desde el primer momento, en varias ocasiones sus miradas se cruzaron y para él era como un soplo de aire ardiente. El número 5 quedaba al otro lado de la calle, deberían cambiar el sentido en la próxima glorieta, ella pidió que parase el taxi, le dejó el dinero, abrió la puerta y salió del coche sin mediar palabra, en medio de una fuerte lluvia.
Después de comer como todos los días, limpiaba el taxi para el turno de noche, al abrir la puerta trasera encontró un zapato de señora del pié izquierdo , sabia que era de la chica de la lluvia, pensó que llamarían a la central de taxi para reclamar la pèrdida, aunque no entendìa como pudo olvidarse el zapato con la lluvia que estaba cayendo cuando ella se bajó del coche.
Los compañeros hacían bromas cuando se enteraron de la historia del zapato, debe buscar a la Cenicienta, le decían en medio de sonrisas y burlas, la central de taxi no había recibido ninguna llamada reclamando el zapato, así que decidió que cuando terminara su turno pasaría por la dirección donde ella abandonó el taxi.
C/Cervantes 5, Clínica Biònica, entró y preguntó en recepción si alguna empleada de esa clínica había perdido un zapato en un taxi, le explicò lo sucedido y como era la chica que él dejó la madrugada anterior en la puerta del edificio, al hablarle de la mirada que era lo único que el recordaba con toda claridad, una de las enfermeras, le dijo que tal vez fuera Margarita, una chica que operaron ayer por la mañana.
Pidió permiso para visitarla y al entrar en la habitación volvió a encontrarse, con aquella mirada, que desde que la conoció no había podido olvidar. Le mostró el zapato del pié izquierdo con una sonrisa de complicidad Con el zapato en la mano, ella quitó la sábana que cubría la cama y pudo observar que le habían amputado la pierna izquierda.
Abandonó el zapato que nunca mas podría usar.
¡¡¡¡¡¡¡Y colorín colorado este cuento acaba de empezar!!!!!!!!!!!!
fus